¡Familia, bajamos una marcha!
Tres encuentros en grupo para mirar el ritmo de vuestra familia y empezar a vivir con menos prisas, menos enfados y más tiempo para disfrutaros.
—¡Venga, Diego, ¿quieres darte prisa? ¡Madre mía, es que siempre tenemos que andar esperándote!
—¡Es que este niño es un flojo! No tiene nunca prisa para nada.
Y efectivamente, Diego (que, por cierto, es una persona bastante flemática) vive desde la más absoluta calma casi todo en su vida.
Ya de pequeñito comía mucho y despacio, podía quedarse mirando una obra cual jubilado ¡de 4 años! y cuando fue portero de fútbol nosotros nos infartábamos en la grada mientras él parecía vivir el partido con una tranquilidad que, desde luego, no había heredado de su madre (la destreza bajo los palos tampoco).
Porque la que vive como si le hubiesen puesto un petardo en el culo soy yo.
Y durante años mi frase recurrente fue:
—Pero ¿quieres hacer algo? ¡Date prisa!
Hasta que me di cuenta de que mi ritmo no solo no era el de mi familia, sino que tampoco era saludable.
Entonces...
ENTONCES
decidí desaprender para ir aprendiendo.
A parar.
A respirar.
A intentar no hacer cien cosas a la vez (digo intentar porque sigo aprendiendo).
Y, sobre todo, he observado que cuando encontramos el ritmo que nuestras criaturas necesitan y aprendemos a acompañarlas en él, la vida generalmente es más fácil.
Con menos gritos (menos, no cero, no te vengas arriba), con tiempo para hacer y también para no hacer y sin vivir en un estado de estrés y enfado constante.
En serio, merece bastante la alegría echarle un vistazo a este asunto.
Por tu salud mental y física, por la de tus hijos e hijas, por la de tu familia y, en general, para no terminar todos como el rosario de la aurora.
Y te lo digo yo que, repito, mi tendencia es ir como una moto.
Mi tendencia, que no mi naturaleza.
Pero ¿qué es eso del ritmo?
Porque igual estás pensando que te voy a proponer que hagas un horario precioso (aunque me encantaría, porque soy Virgo y me muero por estas cosas que luego no me sirven para nada), que tus peques se levanten todos los días a la misma hora y que los miércoles por la tarde horneéis pan en familia.
Pues no.
Aunque si te apetece hacer pan los miércoles, tú misma.
Cuando hablo de ritmo no hablo de llenar todavía más vuestra vida de cosas que hay que hacer.
Hablo de que haya momentos para hacer y momentos para parar.
Movimiento y descanso.
Estar juntos y que cada cual ande a lo suyo.
Que no todo sea correr, llegar, hacer, resolver y volver a empezar.
Porque ritmo no es horario.
Se parece bastante más a respirar: coges aire, lo sueltas y necesitas las dos cosas.
Y aquí la cosa se pone interesante
Porque la manera en la que tú vives el tiempo no ha salido de la nada.
La prisa, la necesidad de aprovechar el tiempo, tu capacidad —o incapacidad— para parar, lo que ocurre dentro de ti cuando no estás haciendo nada...
Todo eso tiene una historia.
Porque no solo heredamos los ojos de nuestra madre, la nariz de nuestro padre o esa maravillosa tendencia familiar a acumular tuppers sin tapa.
También aprendemos una manera de vivir.
Y, sin darnos demasiada cuenta, construimos nuestra propia familia con ella.
Por eso, antes de preguntarnos qué ritmo necesitan nuestros hijos e hijas, merece la pena preguntarnos:
¿Qué relación tengo yo con el tiempo y con el ritmo que llevo?
Por eso he creado este acompañamiento
Tres encuentros en grupo para parar un momento y mirar cómo estáis viviendo en casa.
No para decirte cómo tienes que organizar a tu familia.
Ni para darte la rutina perfecta (de hecho, si la tienes, soy toda oídos).
Ni para que salgas con otras quince cosas que deberías estar haciendo como madre o como padre.
Precisamente de eso ya tenemos bastante.
Vamos a mirar cómo es vuestro ritmo ahora, qué hay detrás de tu manera de vivir el tiempo y, desde ahí, empezar a encontrar un ritmo más natural y, sobre todo, posible para vuestra familia.
No para construir una familia ideal. Para vivir un poco mejor en la que ya tienes.
Recuerda que solo habrá 7 plazas para que podamos trabajar a fondo de verdad.
¿Qué puede empezar a cambiar?
Puede que dejes de sentir que todo el día estás apagando fuegos.
Que empieces a comprender por qué las mañanas, las comidas, salir de casa o la hora de dormir terminan tantas veces en batalla.
A lo mejor descubres que algunas cosas que estabas intentando solucionar en tus hijos e hijas no necesitaban más normas, más explicaciones o más paciencia. Necesitaban otra cosa.
Y empezarás a distinguir qué necesita realmente vuestra familia de todo aquello que llevas años pensando que debería necesitar.
No puedo prometerte una casa sin gritos. Yo sigo gritando alguna vez y quedaría bastante feo venderte lo contrario.
Pero sí podemos empezar a introducir pequeños cambios que tengan sentido para vosotros y, muy importante, que puedas mantener cuando vuelva la vida real.
Esto puede ser para ti si...
Vais con prisa a todas partes.
Repites «venga», «vamos», «date prisa» bastante más de lo que te gustaría.
Hay momentos del día que acaban casi siempre en batalla.
Quieres acompañar a tus hijos e hijas con más calma, pero muchas veces no sabes de dónde sacarla.
Sientes que vuestra vida está demasiado llena y, aun así, siempre queda algo por hacer.
Te gustaría que hubiera más espacio para descansar, aburrirse, jugar, hablar o no hacer absolutamente nada.
O sencillamente hay un Pepito Grillo que, de vez en cuando, te dice: «No quiero seguir viviendo siempre con esta prisa».
Y esto no es...
Un curso para aprender a organizarte mejor.
Un método para conseguir que tus hijos obedezcan a la primera.
Una colección de rutinas familiares que funcionan estupendamente en Instagram y duran exactamente dos días en tu casa.
Ni una conversión dogmática a ninguna filosofía educativa alternativa. Soy maestra de escuela desde hace más de veinte años, me he formado en pedagogía Waldorf y mis tres hijos han ido a una escuela así, pero sé perfectamente que en la vida real las teorías idílicas no se sostienen solas. No vengo a exigirte que el miércoles, inevitablemente, acabas haciendo pan.
No necesitas añadir más cosas. Probablemente necesites descubrir cuáles podéis quitar.
¿Cómo va a ser?
Nos encontraremos online los días:
6, 13 y 20 de octubre, de 17:30 a 19:30 h.
Una semana entre encuentro y encuentro para que puedas observar, probar y llevar lo que vayamos viendo a vuestra vida cotidiana.
And el 10 de noviembre, de 17:30 a 18:30 h, tendremos un encuentro de seguimiento para ver qué ha funcionado, qué necesita algún ajuste y qué parecía una idea estupenda y ha resultado ser un absoluto desastre.
Solo habrá 7 plazas.
Quiero que sea un grupo pequeño en el que podamos hablar, compartir y acompañar lo que vaya apareciendo. Aquí no vienes a ser una cara más en una pantalla.
Trabajaremos desde la biografía, la observación y el ritmo. Necesitarás papel, acuarelas o pasteles y ganas de manchar un poco.
No necesitas saber de biografía. Ni de antroposofía. Ni tener claro qué está fallando en casa.
¿Quién te acompaña?
Soy Elena.
Biógrafa, maestra desde hace más de veinte años y madre de tres hijos que hoy ya tienen 19, 17 y 13 años.
Llevo años acompañando procesos biográficos y muchos más observando a niños, niñas y familias desde un lugar privilegiado: la escuela. Además de mi experiencia en las aulas, estoy formada en pedagogía Waldorf y mis tres hijos han crecido en ella, por lo que he vivido los ritmos y las dinámicas familiares desde ambos lados de la pantalla.
Pero esto también nace de haber tenido que mirar mi propia manera de vivir y descubrir que aquello que durante años pensé que era «mi forma de ser» quizá no lo era tanto.
Quienes me conocéis de verdad ya sabéis cómo soy. Tengo mil cosas en la cabeza, soy multitarea por naturaleza y mi tendencia es ser colérica, sanguínea e ir siempre como una moto. Y precisamente por eso, esto nace de seguir aprendiendo —porque sigo aprendiendo— a vivir un poquito menos como si llevara un petardo en el culo y a no arrollar el ritmo de mi familia con mis propias revoluciones.
¿Cuánto cuesta?
147 €
Puedes hacer un único pago de 147 € o dividirlo en dos pagos: 74 € + 73 €.
Incluye los tres encuentros de dos horas y el encuentro de seguimiento unas semanas después.
Y recuerda: solo somos 7.
Si quieres dejar de ir como las motos...
No te prometo que tus hijos vayan a vestirse a la primera.
Ni que nadie vaya a dejar de buscar un calcetín cuando deberíais haber salido de casa hace diez minutos.
Ni siquiera que tú dejes de decir «¡date prisa!» para siempre. Yo no lo he conseguido.
Pero sí podemos intentar que no sea la banda sonora de vuestra casa.
Que haya días de correr porque llegamos tarde y días de no llegar a nada porque tampoco hacía falta.
Que haya cosas que hacer y ratos de no hacer absolutamente nada.
Movimiento, descanso, discusiones, silencios, planes que salen bien y otros que se van a la mierda.
Y risas.
Muchas risas.
Al final no se trata de que vuestra familia funcione como un reloj.
Se trata de encontrar una manera de vivir juntos que os siente bien.
Y si de paso conseguimos salir algún día de casa sin que nadie grite «¡VENGA, QUE LLEGAMOS TARDE!», pues mira...
eso que nos llevamos.